Vuelan los pensamientos a través de mi ventana, y lo traen hasta aquí una vez más. Son de los que quiero hacer desaparecer, eliminándolos de mi mente con una enorme goma de borrar. Quiero hacer nada y sentir nada. Sobre todo, sentir nada...
¿Qué hay de esas emociones que nos hacen dibujar una sonrisa en los rostros con sólo pensarlo?
¿Qué hay de esas sensaciones que nos hacen poner la mente a volar?
O esos recuerdos que nos hacen llenar los ojos de lágrimas. Lágrimas que muchas veces no entiendo por qué llegan hasta mí sin siquiera haberlas llamado para vestir mis ojos de trajes color plata.
Son muchas las razones y actitudes que me hacen retroceder.
Pero no entiendo, nada logro comprender.
Si la vida se tratara de un constante retroceso, bastaría con quedarse espectante viendo lo que se pasea ante nuestros ojos sin poder fabricar un mínimo gesto.
Pero éso no es para mí, yo quiero vivir, quiero reír y sufrir. Lo único que pido es equilibrio en mi balanza, nada más.
Los instantes son únicos y muchas veces fugaces. Saber distinguírlos y vivirlos nos hacen distintos.